La educación en el México Independiente.

Después de tres siglos de invasión por parte del Imperio Español, México comienza su liberación como país libre. Gracias a los tratados de Córdoba en 1821 firmados por Agustín Iturbide, en enero de 1824 se promulgo el acta constitutiva de la nación mexicana. Comenzando así la reconstrucción de las instituciones que permitirían el desarrollo del país. Los caudillos de la independencia habían luchado para conseguir libertad, igualdad, justicia y educación para todos los mexicanos, pero las ideas de la escuela pública no podían concretarse con el país en quiebra.
Durante los primeros años de la vida independiente, el tema de la educación estuvo llena de conflictos. Había instituciones que provenían de la etapa colonial para la escuela superior y media superior y por el lado de la enseñanza de la escritura y lectura, había escuelas municipales, particulares, escuelas de amigas y también en los conventos había enseñanza de primeras letras. A partir de la Independencia de México, uno de los objetivos más importantes del país, fue difundir la educación. El único problema que se enfrentaba era la falta de recursos.

BELL Y LANCASTER: SISTEMA DE EDUCACIÓN.

La Compañía Lancasteriana era inglesa, y debía su nombre a uno de sus fundadores: Joseph Lancaster. El otro fundador fue Andrew Bell. El sistema fue introducido en México por Manuel Codorniú, fundador del periódico El Sol, quien había llegado al país junto con el Virrey O’Donojou en 1821. La primera escuela lancasteriana se fundó en 1822 y llevó ese mismo nombre, fue dirigida por Andrés Millán y se instaló en la Sala del Secreto de la extinta Inquisición. En 1823 se fundó la segunda escuela lancasteriana en el Convento de los Betlemitas, con el nombre de Filantropía, bajo la dirección de Turreu y Riveroll. Esta empresa creció de tal manera que en 1842 fue designada como Dirección General de Instrucción Primaria, para toda la República. Hacía 1869, la empresa había caído en decadencia y se retiró del país entregando sus planteles al gobierno mexicano, habiendo servido por 68 años.

La escuela lancasteriana constituía en aquel entonces la última palabra en materia pedagógica y tenía especial eficacia para la enseñanza primaria elemental. El propósito del sistema era proporcionar educación elemental a bajo costo, en un plazo relativamente rápido y supliendo la falta de suficientes maestros y escuelas. Lo cual se lograba mediante la sencilla, pero en aquella época novísima y revolucionaria idea de utilizar a los alumnos de más edad y adelanto en la instrucción de los más pequeños y menos avanzados. Estos alumnos maestros recibirían el nombre de monitores (de donde también recibió el sistema su otro nombre “monitorial”), y después de escuchar del maestro propiamente dicho las instrucciones del caso, repetían las 4 lecciones a pequeños grupos de condiscípulos que estaban a su cuidado. La escuela lancasteriana introdujo algunos métodos nuevos y más efectivos que los que entonces se usaban, como, por ejemplo, el empleo de mapas y carteles, los areneros y los ejercicios de dictado.

CONSTITUCIÓN DE 1824.

En su Artículo 50 estableció como facultades del Congreso General promover la ilustración y establecer colegios de diversas especialidades, sin perjudicar la facultad de las legislaturas para el arreglo de la educación pública en las entidades federativas.  La educación básica fue incorporando poco a poco metodologías más innovadoras que dejaban atrás el deletreo y el silabeo. En Chiapas don Matías de Córdova fundó una escuela Normal en 1823.

HACÍA LAS REFORMAS LIBERALES DE 1833 Y LA NUEVA EDUCACIÓN.

Se propuso como primer objetivo sacar las escuelas del monopolio del clero, no sólo por el principio general y solidísimo de que todo ramo monopolizado es incapaz de perfecciones y adelantos, sino porque la clase en cuyo favor existía este monopolio era la menos a propósito para ejercerlo en el estado que hoy tienen y supuestas las exigencias de las sociedades actuales. Los conocimientos del clero, más que los de otras clases propenden por su naturaleza al estado estacionario, o, lo que es lo mismo, dogmático. 

Estas ideas finalmente se plasmaron en la reforma liberal de 1833 donde se considera que se plasmaron las tesis fundamentales a las que aspiraba el México independiente en materia educativa. Se partía de un principio esencias, en palabras de Valentín Gómez Farías: “La instrucción del niño es la base de la ciudadanía y la moral social”.




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